No respires te dejará sin aliento

Con un guion aparentemente sencillo esta película consigue que los espectadores apenas puedan moverse de la butaca y que, incluso, se queden sin respiración por momentos. Un thriller de los de antes, de los que sacan partido a un argumento aparentemente demasiado simple, en el que no hay muñecos monstruosos ni personajes futuristas. Solo cuatro personajes que consiguen crear momentos de auténtica angustia.

La película gira en torno a un golpe perfecto que acaba resultando no serlo. Un grupo de ladrones de poca monta que planean el robo en casa de un millonario ciego. Pero la víctima fácil acabará no siendo tan ingenuo ni tan inofensivo y se convertirá en el auténtico verdugo. Un hombre atormentado por la muerte de su hija, que no ha podido tocar la indemnización que recibió por ello y que la guarda como si quemara.

Los ladrones lo saben y están dispuestos a dar el golpe de su vida. Tan fácil como engañar al ciego y llevarse el botín. Pero evidentemente la cosa no podía ser sencilla y todo se tuerce hasta límites casi inimaginables. Tanto, que acabarán luchando por salvar su vida. El millonario invidente tiene el resto de sentidos tan agudizados que basta una respiración para saber dónde están los ladrones y tenderles trampas para “cazarlos”. Porque sus intenciones son tan poco honestas como las de los ladrones.

Su casa está llena de obstáculos y cerraduras. Y, para colmo, tiene un perro casi tan feroz como él. Entrar en la casa es fácil. Salir de ella no. De esta manera se vuelven los papeles y los malos acaban convirtiéndose en las víctimas de un desequilibrado mental con muy malas intenciones y peores artes, a pesar de su ceguera. Y es que maneja bien los espacios, pero aún mejor herramientas nada inofensivas para atacar a los que han osado entrar en su casa.

Cada escena es un sobresalto, lo más inverosímil parece hacerse realidad y la película acaba dejando realmente sin respiración a los espectadores.