Eternas risas gracias a Mr.Bean

En tiempos de crisis, de decadencia, de depresiones, de tristezas, de desempleo y de pobreza, las risas tienen muchísimo más valor. Hacer reír es muy difícil. Que se lo pregunten al bueno de José Mota, hilarante e ingenioso por lo general con sus habituales sketches pero cercano al patetismo y al ridículo en su interpretación como protagonista en la serie ‘El hombre de tu vida’.

Nos apetece sonreír a todos, por supuesto, hasta en los momentos más delicados y adversos. Reír es sano, algo necesario; sus beneficios están más que demostrados por la medicina. Y para lograr una carcajada limpia y sincera, quién mejor que el bueno de Rowan Atkinson.

Los años pasan y el ingenio plasmado en la confección de su personaje Mr. Bean parece ir en crecimiento. Aunque los intentos de este “señor judía” de triunfar en la gran pantallas no ha sido todo lo exitosos que podrían haber sido –eso sí, las películas tampoco son ningún bodrio catastrófico en comparación con muchas comedias contemporáneas que se hacen, todo lo contrario-, revisar los sketches de Mr. Bean cada vez se ha vuelto una tarea más memorable.

Patoso, huraño, tacaño, sociópata, problemático, infantil, solitario, hipocondriaco… Pero también carismático y entrañable. Las aristas de este personaje harían reír hasta al mayor muermo que pueble la faz de la Tierra. Para el recuerdo quedarán escenas como la de la cabeza del propio Bean metida en el pollo en Navidad, la del cabezazo a la mismísima Reina Isabel II de Inglaterra, la del vértigo a tirarse desde lo alto de un trampolín, la de la peripecia como peluquero patoso que lleva a cabo una sigilosa sustitución, la de Bean como pintor de una escuela que ha de retratar con pudor a una mujer desnuda, etcétera. También nos harán reír su relación con el osito de peluche o las aventuras emprendidas con su vehículo Mini. A reír, que son dos días. Y a ver a Mr. Bean.