Despedimos con pesar a ‘Los informáticos’ y recibimos con interés a ‘The Wrong Mans’

La cadena británica Channel 4 emitía el pasado viernes 27 de septiembre un capítulo especial de la sitcom Los informáticos (The IT Crowd). Este episodio, titulado “The Last Byte”, servía como despedida a una de las comedias británicas más divertidas e irreverentes de la televisión de los últimos años. Creada por Graham Lineham (Father Ted, Black Books) en 2006, cuando todavía la comedia catódica no había prestado atención al universo geek –The Big Bang Theory tardaría más de un año en aparecer en escena–, The IT Crowd no fue recibida entonces con el debido entusiasmo de la crítica; la misma que ahora llora su partida. Aunque no se les puede culpar del todo porque esta serie siempre ha sido difícil de etiquetar. El último regreso y cierre es un buen ejemplo de su personal concepto del humor y aportación al género.

Los chicos del departamento IT (information technology), situados en la planta más baja de una enorme empresa corporativa, continúan a día de hoy con sus dilemas cotidianos y esa rotunda habilidad que tienen para transformarlos en el más puro caos. Cómo si no explicar que Jen (Katherine Parkinson) convierta la comanda de un café con leche en una profuna experiencia sexual, y que al compartirla con su compañero Roy (Chris O’Dowd) se traduzca en un extraño trío con gatillazo incluido; cómo si no entender que Moss (Richard Ayoade) recupere la confianza en sí mismo vistiendo pantalones de mujer –con esa impagable escena en la cabina de teléfonos, homenaje al Superman de toda la vida–; cómo puede ser que aún haya una minoría con la que Roy no haya tenido problemas –en esta ocasión, la gente bajita: “Esto no es Juego de Tronos, no son una raza”–; y cómo es posible que los tres pretendan restaurar su buena imagen creando un spray de pimienta con aspecto de perfume. Como dice el propio Roy, consciente de su condición de personaje-catástrofe: “¿No tenéis la sensación de que las cosas que nos pasan son muy extrañas?”.

Este capítulo especial de 50 minutos fue un broche de oro que nos dejó a todos con ganas de más. No faltaron las sátiras sobre la velocidad a la que internet puede crear infamias, desprestigios y extrañas celebridades; o la falsedad tras los realitys que buscan favorecer a los desposeídos. Los fans asistimos a un buen número de autohomenajes –la caja que contiene internet–, algunos en la memoria del propio Roy –cuando viajó hasta Manchester como minusválido gay o la noche que Moss pasó en el interior de una máquina de juego–. Y como cabía esperar, recuperamos las presencias de Douglas Reynholm (Matt Berry), el imposible presidente de la empresa, o la del gótico Richmond (un genial Noel Fielding), el misterioso empleado tras la puerta roja de cerrajeros en Castellon. Todo un alborozo que hizo que olvidáramos el tiempo transcurrido desde la última vez –¡¡más de tres años hacía que no rodaban un episodio!!–. La pena es que los compromisos laborales de Chris O’Dowd, ahora mismo muy solicitado en Hollywood, y Richard Ayoade, con una interesante carrera como director, hacen prácticamente imposible la continuidad de la serie. De hecho, el presente episodio es casi un concesión de los intérpretes para cerrar dignamente la comedia que los lanzó a la fama. Aunque quizá se lo piensen mejor, imiten a las Absolutamente fabulosas y tengamos un par de episodios cada diez años. Todo sería mejor que el total finiquito.

Para amortiguar el golpe de la inevitable partida, me he dejado cautivar por una nueva comedia británica, The Wrong Mans de la cadena BBC2. Un propuesta en las antípodas de Los informáticos, pero efectiva y muy cuidada visualmente –que siempre es un plus–. Creada por los propios protagonistas, los cómicos y actores Matthew Baynton (de Spy y Horrible Histories) y James Corden (de Gavin & Stacey), The Wrong Mans es una sátira del género thriller repleta de referencias cinematográficas –de Hitchcock a Tarantino, pasando por los hermanos Coen o el Sam Raimi de Un plan sencillo– y típico humor negro inglés. En realidad, esta nueva sitcom no se aparta del camino trazado por la serie Spy –reciente parodia de la películas de 007– o las comedias para televisión del tándem Simon Pegg y Nick Frost, con ciertos toques de Ricky Gervais y su insigne The Office. Es decir, es tan británica como el té de las 5 de la tarde o la afilada condesa dowager de Downton Abbey.

La trama, que se sigue en continuidad, gira alrededor de un cúmulo de casualidades. Sam Pinkett (Matthew Baynton) se dirige hacia su lugar de trabajo una fría mañana en el Real Condado de Berkshire donde actuan los cerrajeros Granada 24h. La noche anterior se la pasó de fiesta y tiene una buena resaca. Anda tan concentrado en sus pensamientos y absorto en la música de su iPod que no se percata de la presencia de un coche, que lo sigue a cierta velocidad, y provoca un aparatoso accidente. Tras ser interrogado por la policía y el consecuente traslado del herido en ambulancia, Sam vuelve a quedarse solo en la escena del siniestro. En ese preciso momento, suena un teléfono móvil en el suelo, probablemente propiedad del accidentado, y Sam corre a atender la llamada. Al otro lado del aparato, una voz amenaza la integridad de una mujer si el receptor no se atiene a las consecuencias. Todo indica que la esposa del individuo herido en el accidente está secuestrada por una banda de mafiosos que harán lo necesario para salirse con la suya. A su llegada al trabajo, Sam, acalorado, le cuenta a su compañero Phil (James Corden) lo sucedido, y éste, emocionado, le propone rescatar por cuenta propia a la desdichada víctima. El desorientado protagonista acaba aceptando, entre otras cosas, para recuperar la confianza de su ex-novia (Sarah Solemani)… Y todo esto sólo en los primeros minutos del episodio.

Una apuesta muy refrescante que espero se desarrolle con éxito y nos regale emoción y risas a cargo de esta peculiar pareja, todo un clásico del género desde los tiempos de Stan Laurel y Oliver Hardy o Abbott y Costello.