Algo pasa con Homeland

Algo pasa con Homeland. Parece que sus guionistas no se aclaran sobre el enfoque que quieren darle a la serie. Es como si estuvieran probando a ver qué sale. En la primera temporada el tono de la ficción protagonizada por Claire Danes intentaba compaginar el realismo con la tensión dramática. Todo era un enigma y, hasta cierto punto, funcionaba el desconocimiento que los espectadores teníamos sobre las verdaderas intenciones de Brody (Damian Lewis). Pero todo cambió en la segunda temporada, donde se pasó a un tono de acción pulp (ese marcapasos…), donde se sucedían tramas a velocidad de vértigo en un in crescendo continuo que al final sólo duró la mitad de los capítulos, pues habían quemado para entonces todas las posibilidades antes de poder llegar al cierre, lanzando todo el realismo que la serie tuvo alguna vez por la borda. Borrón y cuenta nueva parecen haberse propuesto en esta tercera temporada después de poner a Saul Berenson al mando de la CIA. Parece que ahora, con la siempre enigmática mirada de Mandy Patinkin en primer plano, es hora de replantearse lo que supone ese ataque monumental a la CIA, que tu principal agente en el caso de Brody tenga serios problemas mentales y que, para colmo de males, ayudara a éste, un terrorista confirmado, a escapar de las garras de la ley.
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Homeland parece estar tomando notas de series como Breaking Bad, donde no hay márgenes para los cabos sueltos, y en estos dos primeros capítulos (Tin man is down y Uh…Oh…Ah…) vemos a un Saul esforzándose por mantener a flote una agencia cuya credibilidad está en entre dicho (“Si no podéis protegeros a vosotros mismos, ¿cómo vais a proteger a este país?”) al tiempo que comprueba en sus carnes que no resulta nada fácil ser el jefe de una agencia de espionaje y seguir manteniendo tu humanidad intacta. Saul parece luchar por salvar a Carrie (Claire Danes) de sí misma, pero a la vez tampoco está dispuesto a que ésta lance piedras y bombas sobre su tejado. Y Carrie, como siempre, vuelve a ser impredecible. Al menos esta vez no se han olvidado de su enfermedad y la bipolaridad de Carrie vuelve a estar presente en la vida de la agente de la CIA hasta sus últimas consecuencias. La agente Mathison se enfrenta a una caza de brujas, a una que la sitúa en el punto de mira sobre las culpas de este nuevo 11-s acometido en la agencia de espionaje más famoso del mundo. Por supuesto, Carrie no se está medicando, y sus actos, delante del comité que la juzga no la dejan precisamente en muy buen lugar. Altamente inestable, Carrie se busca, con cada comentario, con cada amenaza, que le coloquen un diana de objetivo a las espaldas, una con la que la CIA no dudará en encerrarla en un manicomio si es necesario. ¿Qué haría la verdadera agencia de espionaje con Carrie en la realidad? Creo que lo que la serie plantea se queda corto.

Y luego está Quinn (Rupert Friend), el misterio personificado. Ese anti-héroe con el don de la ubiquidad que lo mismo amenaza a magnates y jefes de la CIA que tiene remordimientos y paraliza operaciones militares del más alto rango para salvar la vida de un niño. Con Peter Quinn puede pasar como con Nicholas Brody, que al final le den tantos giros al personaje que nos lo dejemos de creer. Si ese es su objetivo, que sigan por este camino porque lo están logrando. Parece que, para los guionistas, aunque la serie quiera volver a explorar un acercamiento más realista, hay una última frontera que no están dispuestos a cruzar. Los encargados de escribir Homeland parecen necesitar un héroe y si éste es un guaperas, mejor que mejor. ¿Qué pasa con Saul? Yo siempre te querré Mandy “Íñigo Montoya” Patinkin.

En cualquier caso, que Homeland se plantee las consecuencias de los actos de sus personajes y lo que podría sucederles a éstos si se dieran los supuestos en los que la serie indaga, sólo puede ser algo bueno. Que la serie se tome su tiempo para ver cómo ha afectado el destape del caso Brody a la familia de éste (aunque parece afectar a todos menos al hijo pequeño) también es un acierto, pese a que la trama de Dana (Morgan Saylor) esté recibiendo, en mi opinión, una atención excesiva. Y la pregunta del millón es ¿dónde está el terrorista más buscado del mundo? ¿cometió él realmente el atentado en Langley? Bueno, eso son dos preguntas, pero de momento ambas tendrán que esperar pues no hay ni rastro del antiguo ex-marine y terrorista encubierto de Abu Nazir. Si les digo la verdad, me parece BIEN. La serie necesitaba una pausa de tanta acción desmedida y tanta trama loca (ese romance…). Era hora de poner los pies en la tierra y pensar con la cabeza. Parece que de momento la serie va por el buen camino. La cuestión es si lo guionistas sabrán mantener la sangre fría y seguir guiando la serie por estos derroteros o al final triunfará el despiporre y el desenfreno. Esperemos que no ocurra lo segundo.

A continuación os dejamos lo más destacado de estos dos capítulos:

A favor:
– Tramas más verosímiles que exploran las consecuencias de lo acontecido en las anteriores temporadas.
– La relación entre Dana y su madre, o cómo intentar cerrar las heridas abiertas.
– Saul luchando por no ensuciarse las manos y, por supuesto, su magnífica y sempiterna cara de póker.
– Carrie más loca que nunca.
– Quinn, ese hombre enigma.
– Que podamos descansar un poco de tanto Brody.
– El regreso de la mujer de Saul, Mira Berenson (Sarita Choudhury), esperemos que para quedarse.
– El mayor protagonismo de Dar Adal (F. Murray Abraham) (¿quién es realmente este hombre?).
– La conversación de Saul con la nueva agente de la CIA. Con velo incluido.

En Contra
– Peter Quinn, la máquina de matar, el hombre que está en todas partes, para el que las amenazas a sus superiores no conllevan consecuencia alguna.
– Demasiada Dana. Está bien conocer su punto de vista pero no transformemos la serie en un espacio patrocinado para sus neuras.
– Carrie más loca que nunca o como Claire Danes ha hecho de la sobreactuación la razón de ser de su personaje.