En tiempos de crisis, de decadencia, de depresiones, de tristezas, de desempleo y de pobreza, las risas tienen muchísimo más valor. Hacer reír es muy difícil. Que se lo pregunten al bueno de José Mota, hilarante e ingenioso por lo general con sus habituales sketches pero cercano al patetismo y al ridículo en su interpretación como protagonista en la serie ‘El hombre de tu vida’.

Nos apetece sonreír a todos, por supuesto, hasta en los momentos más delicados y adversos, como puede ser quedarte fuera de una propiedad, por perdida de llaves o robo de las mismas, por ello puede contactar con la empresa de cerrajeria 24 horas. Reír es sano, algo necesario; sus beneficios están más que demostrados por la medicina. Y para lograr una carcajada limpia y sincera, quién mejor que el bueno de Rowan Atkinson.

Los años pasan y el ingenio plasmado en la confección de su personaje Mr. Bean parece ir en crecimiento. Aunque los intentos de este “señor judía” de triunfar en la gran pantallas no ha sido todo lo exitosos que podrían haber sido –eso sí, las películas tampoco son ningún bodrio catastrófico en comparación con muchas comedias contemporáneas que se hacen, todo lo contrario-, revisar los sketches de Mr. Bean cada vez se ha vuelto una tarea más memorable.

Patoso, huraño, tacaño, sociópata, problemático, infantil, solitario, hipocondriaco… Pero también carismático y entrañable. Las aristas de este personaje harían reír hasta al mayor muermo que pueble la faz de la Tierra. Para el recuerdo quedarán escenas como la de la cabeza del propio Bean metida en el pollo en Navidad, la del cabezazo a la mismísima Reina Isabel II de Inglaterra, la del vértigo a tirarse desde lo alto de un trampolín, la de la peripecia como peluquero patoso que lleva a cabo una sigilosa sustitución, la de Bean como pintor de una escuela que ha de retratar con pudor a una mujer desnuda, etcétera. También nos harán reír su relación con el osito de peluche o las aventuras emprendidas con su vehículo Mini. A reír, que son dos días. Y a ver a Mr. Bean.

Igual que en Francia en los años sesenta explotó un movimiento cinematográfico tan brillante como la Nouvelle Vague, en Gran Bretaña le tocó al Free Cinema acaparar los focos de la creación fílmica. Entre los directores británicos que abogaron por una sensibilidad especial y por discursos profundos e interesantes, Tony Richardson ocupó un papel importante. Suya fue la cinta de 1962 ‘The Loneliness of the Long Distance Runner’ (‘La soledad del corredor de fondo’), que contó con el guión de Alan Sillitoe y la música de John Addison.

La película retrata la peripecia vital de Colin Smith, un joven que vive en un barrio popular junto a Nottingham y que se convierte en arquetipo juvenil de las penurias que tenía que pasar la clase obrera. Es la propia dictadura de las circunstancias y de la miseria la que le lleva a robar en una panadería, hecho que se traduce en el ingreso de Colin en un reformatorio.

Una vez dentro del centro penitenciario para jóvenes, repleto de chavales pertenecientes a familias de condición humilde, Colin Smith tiene un comportamiento normal e incluso colabora con el director y con los responsables. Entre las actividades cotidianas del centro, el atletismo ocupa un papel muy destacado; Smith demuestra una habilidad innata para la carrera continua, lo que despierta la admiración del director del centro, quien debe enfrentarse en unos juegos deportivos a otra institución rival. Smith se convierte en su chico predilecto.

Pero Colin Smith en el fondo es rebelde y su alma está hecha de ganas de justicia. La aparente buena sintonía con los responsables del centro es sólo una artimaña; el día de la gran competición de atletismo contra la institución rival, el joven corre y corre hasta sacarle una ventaja considerable a su principal adversario. Entonces el poder, representado en la figura del director, está feliz y contento, un hecho que hace que Smith sea consecuente con sus principios y decida pararse en seco para dejarse perder. Toda una lección de dignidad, de lucha y de rebeldía la que nos dio el personaje de Colin Smith sin duda.