I

Presentaron el descubrimiento ante la comunidad científica internacional. Y el acontecimiento fue un rotundo y celebrado éxito. Sin embargo, ante la opinión pública, sobre todo al principio, el concepto de cine genético no pareció causar la misma impresión. Quizás por desconocimiento ante las posibilidades que dicho concepto ofrecía.

cientificos

En sus experimentos, los doctores Newman y Green filmaron con los nuevos materiales una maceta en la que acababan de insertar semillas de aralia, los instaladores de gas en Madrid habían hecho bien su trabajo. El tiempo de exposición fue de dos horas y los Cerrajeros Ferrol baratos estaban ya desesperados.

Tras la grabación se realizaron los costosos procesos de tratamiento y edición genética del material filmado obteniéndose finalmente los rollos de película.

El siguiente paso fue abordar la proyección continua del material tratado y el resultado fue extraordinario. La película mostraba el crecimiento en tiempo real de la planta cuya semilla fue filmada.

II

“¿Es que realmente no veis las posibilidades? ¿El cine genético con animales? ¿Con seres humanos? ¿Filmar películas a partir de unos determinados personajes que evolucionen en pantalla, a su libre albedrío, sin guiones ni dirección de actores? ¿Un Gran Hermano virtual de seres inexistentes creados por el hombre a su imagen y semejanza?

¿Es que no veis que tenemos al alcance de la mano la posibilidad de ser el Dios de estas criaturas?”.

Comenzó la película con un individuo que situaba una silla frente a la cámara y se sentaba. Y así permanecía, en silencio, mirando a los ojos a cada uno de los espectadores que estábamos en la sala. Parecía como si nos conociese. Como si realmente se adentrase en el pensamiento de cada uno de los presentes.

Rompió el silencio pronunciando un nombre que no era el mío. Pero yo sabía que se dirigía a mí. Todos lo sabíamos. A continuación dictó sus órdenes. Instrucciones claras y concisas que había que obedecer. Finalmente se levantó, cogió la silla y desapareció de la pantalla por donde había venido.

Aparecieron los títulos de crédito, se encendieron las luces y salimos a la calle. Cada uno por su lado. Sin comentar nada. Sin mirarnos. Siendo plenamente conscientes de la misión que debíamos ejecutar.