Reconozco que ‘United 93’ de Paul Greengrass es una película que puede no gustar. Hay una parte del metraje en la que se hace uso de un lenguaje demasiado técnico, de terminología que a un controlador aéreo le puede sonar familiar, pero que a mí me llegó a cansar un poco. Cierto.

Pero después de ver la película, si alguien me pregunta dónde estaba yo aquel once de septiembre de 2001, tendría que pensármelo dos veces antes de responder que estaba tomando un menú del día en con un tecnico , en un restaurante cerca del parque del Retiro.

Porque si algo consigue este film es trasladarte en el tiempo. Vivir como si fuera la primera vez los impactos contra las torres de Manhattan.

Pero hay algo que me sorprendió aún más y que está motivado en parte por la historia, por la memoria colectiva. Pero también por el director y el excelente trabajo en la sala de montaje.

Es digno de mención que los últimos veinte minutos del film sean los más emocionantes que yo recuerde en años en una sala de cine. Que conociendo de antemano el desenlace estuviésemos allí, en la sala, a oscuras, animando internamente a los protagonistas, entre esperanzados y desolados. Haciendo nuestra la convicción de que era posible otro final.

Así es. Allí estábamos. Luchando y llorando con ellos.