Reconozco que ‘United 93’ de Paul Greengrass es una película que puede no gustar. Hay una parte del metraje en la que se hace uso de un lenguaje demasiado técnico, de terminología que a un controlador aéreo le puede sonar familiar, pero que a mí me llegó a cansar un poco. Cierto.

Pero después de ver la película, si alguien me pregunta dónde estaba yo aquel once de septiembre de 2001, tendría que pensármelo dos veces antes de responder que estaba tomando un menú del día en con un tecnico , en un restaurante cerca del parque del Retiro.

Porque si algo consigue este film es trasladarte en el tiempo. Vivir como si fuera la primera vez los impactos contra las torres de Manhattan.

Pero hay algo que me sorprendió aún más y que está motivado en parte por la historia, por la memoria colectiva. Pero también por el director y el excelente trabajo en la sala de montaje.

Es digno de mención que los últimos veinte minutos del film sean los más emocionantes que yo recuerde en años en una sala de cine. Que conociendo de antemano el desenlace estuviésemos allí, en la sala, a oscuras, animando internamente a los protagonistas, entre esperanzados y desolados. Haciendo nuestra la convicción de que era posible otro final.

Así es. Allí estábamos. Luchando y llorando con ellos.

“Aunque os parezca mentira, la gente no sabía soñar hasta que TIBE lanzó la primera versión de la DRM Cam hace ya más de seis décadas. Antes de esto, hasta finales del siglo pasado la mayoría de los sueños eran desordenados y caóticos. Sin hilo argumental perceptible. De una calidad cromática pésima. Sin sonido. Y lo que es peor, no podían ser registrados.

Desde ese primer lanzamiento de la DRM Cam hasta nuestros días, podemos identificar tres importantes líneas de actuación que nos han permitido alcanzar el momento crucial de este movimiento en el que nos hallamos inmersos:

a) Se han ido perfeccionando los equipos tecnológicos. Hoy día, la grabación y edición de sueños está al alcance de cualquier usuario doméstico.

b) De la mano de la tecnología y de la ciencia de la relajación, hemos avanzado de manera exponencial en la línea del aprendizaje onírico. Esta vía fundamental (incluida en los planes de estudios) es la que nos ha permitido sacar el máximo partido a nuestra capacidad de soñar. Manejar el sueño y no que el sueño nos maneje a nosotros. Como en todo movimiento ideológico o artístico, hay gente a favor de esta línea (realistas) y gente en contra (surrealistas). De ambas vertientes hablaremos en próximas sesiones.

c) Por último, durante los últimos veinte años y mediante campañas avanzadas de marketing, hemos conseguido llegar a un elevado número de personas a nivel mundial. Esto ha sido posible gracias a la creación de festivales específicos de sueños filmados (como el de París o el de Amsterdam). Sin menospreciar el apoyo por parte de las instituciones públicas. Y, por supuesto, no debemos olvidarnos de la línea transgresora acaecida en la industria del cine con la incorporación de galardones y premios al Mejor Sueño Filmado en citas importantes como los Oscar o Cannes.”