Dos de las películas más prometedoras entre los fans del terror y la animación de este se estrenan simultáneamente en las salas españolas el próximo 13 de mayo, ¡elige la tuya! La Bruja es un filme dirigido y escrito por Roberts Eggers, y protagonizada por Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie y Julian Richings. La película de Universal Pictures está ambientada en los Estados Unidos durante la Colonia ¡te asegura una buena dosis de gritos y una que otra pesadilla para llevar!
La bruja, la cinta que nos narra la historia de un granjero inglés que tiene que huir de su pueblo después de ser excomulgado, por lo que decide establecerse en medio del bosque con su familia. Sin embargo en medio de este escondido lugar habita algo maligno que desconocen, el ser sobrenatural empezará a manifestarse a través de cosas extrañas como cuando los animales se atacan entre sí, la tierra se vuelve infértil u lo más aterrador, uno de sus cinco hijos desaparece inexplicablemente y otro parece haber sufrido una posesión. Ante estos hechos, acusan a su hija de ser una bruja mientras la chica alega su inocencia ¡esto es una prueba, así que prepárate para las consecuencias!
Por otro lado Angry Birds es una película mucho más amigable, Sony Pictures nos trae la película de estos pájaros tan famosos después del videojuego para móviles y tablets. Bajo la dirección de dos respetables veteranos de la animación Fergal Reily (director de Hotel Transilvania) y Clay Kaytis (Dirgió Frozen y Bolt), con el guión de Jon Vitti (Los Simpson: la) nos cuenta la vida de estos entrañables pájaros en la isla de las aves no voladoras.
En la divertida cinta de los Angry Birds descubriremos algo que todo el mundo se pregunta ¿Por qué los angry birds siempre están enojados? Conozcamos a Red, un pájaro con eterno mal genio, a Chuck un pájaro amarillo con problemas de hiperactividad y a Bomb el pájaro negro que es algo voluble. La paz y la felicidad reinaban en la isla de las aves no voladoras, pero todo está a punto de cambiar cuando los cerdos verdes invaden el territorio y quieren los huevos de los pájaros ¡es hora que los extraños Red, Boom y Chuck se unan para luchar por su isla!

Bajo la dirección de Anthony Russo y Joe Russo, fue estrena el 29 de abril una de las películas de superhéroes más esperadas del año, con las participaciones estelares de Chris Evans como Capitán América, Robert Downey como Iron Man y Scarlett Johansson, el filme de acción y fantasía que nos cuenta la ruptura de los Vengadores en una entretenida entrega que todos hemos ansiado ver. Esta nueva película de Marvel es el escenario posterior a Vengadores: La era de Ultrón, Capitán América: el soldado de invierno.
Derivado de los daños colaterales que ha sufrido el equipo en su trabajo de salvar al mundo, nuestros superhéroes además tendrán que lidiar con la presión política a partir de la instauración de los Acuerdo de Sokovia. El gobierno de los Estados Unidos quiere mantenerlos controlados y bajo su supervisión, exigiéndoles que respondan ante las Naciones Unidas en un consejo de Administración para cuando se requieran sus servicios.
Todos esto ocasiona que los Vengadoras se dividan en dos bandos, el del Capitán América y el de Iron Man ¿De qué va todo esto? Pues Steve Rogers quiere que los superhéroes conserven su libertad defendiendo al mundo sin influenciarse por el Gobierno; mientras que Tony Stark, después de lo sucedido con Ultrón, cree que es mejor someterse a una dirección externa de la fuerza de los superhéroes.
Envueltos en presiones y divididos por sus propias ideologías, El Capitán también deberá enfrentar que su viejo amigo el Soldado de Invierno es acusado de uno de los ataques más letales contra las Naciones Unidas, mientras todo parece demostrar que Barnes es culpable él sigue alegando su inocencia respaldado por el Capitán América, mientras que Iron Man junto con la Viuda Negra (interpretada por Scarlett Johansson) y otros vengadores siguen creyendo que es culpable.
Cada uno de los salvadores de la humanidad debe elegir de qué lado se encuentra y afrontar las consecuencias de sus decisiones, mientras la amenaza de sus enemigos asecha entre bambalinas, deberán enfrentar al mal entre las discordias y lo más importante salvar al mundo cueste lo que cueste ¡La guerra civil ya estallado entre los Vengadores! ¿Y tú de qué lado estás?

Trumbo narra la historia de uno de los mejores guinistas en la historia de Hollywood, perseguido por sus creencias comunistas este guionista es puesto en la lista negra y condenado a pasar un año en la cárcel, además de perder su trabajo. A través de una campaña anticomunista que busca desmantelar y condenar a todos los que compartan las creencias comunistas, en una de las mayores cacerías de brujas políticas de la historia que a través del Cómite de Actividades Antiamericanas del Congreso dejo en el exilio a grandes iconos de Hollywood como Charles Chaplin, Hules Dassin y Jonh Houston.

Basada en la biografía de Dalton Trumbo hecha por Bruce Alexander Cook, bajo la mano de Jay Roach que dirige el guion de John McNamara en el film que se estrenó el pasado 22 de abril. Trumbo es protagonizado por Bryan Cranston que ha aparecido en filmes como Godzilla y Argo, además cuenta con las actuaciones estelares de Helen Mirren, Diane Lane y Alan Tudyk.
A través de esta cinta conoceremos la historia de Dalton Trumbo un personaje excéntrico con un agudo sentido del humor y con una forma de hablar caracterizada por gestos excesivos. Trumbo tenía la peculiar costumbre de escribir dentro de una bañera de agua caliente. Esta película nos muestra como este artista tiene que luchar contra la guerra política a través de su carrera como guionista prohibido dentro de Hollywood.
Usando hasta 13 seudónimos Trumbo tiene que cobrar salarios ridículos con tal de poder mantenerse como guionista. A pesar de ser estar en la lista negra, fue galardonado con dos premios Oscar por sus trabajos, debe mantenerse en silencio entre su prolífica carrera y grandes éxitos. A pesar de las presiones y de encontrarse vetado, Trumbo no sucumbe a la presión y decide no delatar a sus compañeros que aún conservan su parte dentro del Partido Comunista. Un célebre personaje que ocupa el ingenio para contrarrestar las presiones que pusieron en riesgo su carrera. ¡Corre por tus boletos, Trumbo te espera con una historia que te hará pensar mientras disfrutar de una excelente película!

Algo pasa con Homeland. Parece que sus guionistas no se aclaran sobre el enfoque que quieren darle a la serie. Es como si estuvieran probando a ver qué sale. En la primera temporada el tono de la ficción protagonizada por Claire Danes intentaba compaginar el realismo con la tensión dramática. Todo era un enigma y, hasta cierto punto, funcionaba el desconocimiento que los espectadores teníamos sobre las verdaderas intenciones de Brody (Damian Lewis). Pero todo cambió en la segunda temporada, donde se pasó a un tono de acción pulp (ese marcapasos…), donde se sucedían tramas a velocidad de vértigo en un in crescendo continuo que al final sólo duró la mitad de los capítulos, pues habían quemado para entonces todas las posibilidades antes de poder llegar al cierre, lanzando todo el realismo que la serie tuvo alguna vez por la borda. Borrón y cuenta nueva parecen haberse propuesto en esta tercera temporada después de poner a Saul Berenson al mando de la CIA. Parece que ahora, con la siempre enigmática mirada de Mandy Patinkin en primer plano, es hora de replantearse lo que supone ese ataque monumental a la CIA, que tu principal agente en el caso de Brody tenga serios problemas mentales y que, para colmo de males, ayudara a éste, un terrorista confirmado, a escapar de las garras de la ley.
homeland
Homeland parece estar tomando notas de series como Breaking Bad, donde no hay márgenes para los cabos sueltos, y en estos dos primeros capítulos (Tin man is down y Uh…Oh…Ah…) vemos a un Saul esforzándose por mantener a flote una agencia cuya credibilidad está en entre dicho (“Si no podéis protegeros a vosotros mismos, ¿cómo vais a proteger a este país?”) al tiempo que comprueba en sus carnes que no resulta nada fácil ser el jefe de una agencia de espionaje y seguir manteniendo tu humanidad intacta. Saul parece luchar por salvar a Carrie (Claire Danes) de sí misma, pero a la vez tampoco está dispuesto a que ésta lance piedras y bombas sobre su tejado. Y Carrie, como siempre, vuelve a ser impredecible. Al menos esta vez no se han olvidado de su enfermedad y la bipolaridad de Carrie vuelve a estar presente en la vida de la agente de la CIA hasta sus últimas consecuencias. La agente Mathison se enfrenta a una caza de brujas, a una que la sitúa en el punto de mira sobre las culpas de este nuevo 11-s acometido en la agencia de espionaje más famoso del mundo. Por supuesto, Carrie no se está medicando, y sus actos, delante del comité que la juzga no la dejan precisamente en muy buen lugar. Altamente inestable, Carrie se busca, con cada comentario, con cada amenaza, que le coloquen un diana de objetivo a las espaldas, una con la que la CIA no dudará en encerrarla en un manicomio si es necesario. ¿Qué haría la verdadera agencia de espionaje con Carrie en la realidad? Creo que lo que la serie plantea se queda corto.

Y luego está Quinn (Rupert Friend), el misterio personificado. Ese anti-héroe con el don de la ubiquidad que lo mismo amenaza a magnates y jefes de la CIA que tiene remordimientos y paraliza operaciones militares del más alto rango para salvar la vida de un niño. Con Peter Quinn puede pasar como con Nicholas Brody, que al final le den tantos giros al personaje que nos lo dejemos de creer. Si ese es su objetivo, que sigan por este camino porque lo están logrando. Parece que, para los guionistas, aunque la serie quiera volver a explorar un acercamiento más realista, hay una última frontera que no están dispuestos a cruzar. Los encargados de escribir Homeland parecen necesitar un héroe y si éste es un guaperas, mejor que mejor. ¿Qué pasa con Saul? Yo siempre te querré Mandy “Íñigo Montoya” Patinkin.

En cualquier caso, que Homeland se plantee las consecuencias de los actos de sus personajes y lo que podría sucederles a éstos si se dieran los supuestos en los que la serie indaga, sólo puede ser algo bueno. Que la serie se tome su tiempo para ver cómo ha afectado el destape del caso Brody a la familia de éste (aunque parece afectar a todos menos al hijo pequeño) también es un acierto, pese a que la trama de Dana (Morgan Saylor) esté recibiendo, en mi opinión, una atención excesiva. Y la pregunta del millón es ¿dónde está el terrorista más buscado del mundo? ¿cometió él realmente el atentado en Langley? Bueno, eso son dos preguntas, pero de momento ambas tendrán que esperar pues no hay ni rastro del antiguo ex-marine y terrorista encubierto de Abu Nazir. Si les digo la verdad, me parece BIEN. La serie necesitaba una pausa de tanta acción desmedida y tanta trama loca (ese romance…). Era hora de poner los pies en la tierra y pensar con la cabeza. Parece que de momento la serie va por el buen camino. La cuestión es si lo guionistas sabrán mantener la sangre fría y seguir guiando la serie por estos derroteros o al final triunfará el despiporre y el desenfreno. Esperemos que no ocurra lo segundo.

A continuación os dejamos lo más destacado de estos dos capítulos:

A favor:
– Tramas más verosímiles que exploran las consecuencias de lo acontecido en las anteriores temporadas.
– La relación entre Dana y su madre, o cómo intentar cerrar las heridas abiertas.
– Saul luchando por no ensuciarse las manos y, por supuesto, su magnífica y sempiterna cara de póker.
– Carrie más loca que nunca.
– Quinn, ese hombre enigma.
– Que podamos descansar un poco de tanto Brody.
– El regreso de la mujer de Saul, Mira Berenson (Sarita Choudhury), esperemos que para quedarse.
– El mayor protagonismo de Dar Adal (F. Murray Abraham) (¿quién es realmente este hombre?).
– La conversación de Saul con la nueva agente de la CIA. Con velo incluido.

En Contra
– Peter Quinn, la máquina de matar, el hombre que está en todas partes, para el que las amenazas a sus superiores no conllevan consecuencia alguna.
– Demasiada Dana. Está bien conocer su punto de vista pero no transformemos la serie en un espacio patrocinado para sus neuras.
– Carrie más loca que nunca o como Claire Danes ha hecho de la sobreactuación la razón de ser de su personaje.

La cadena británica Channel 4 emitía el pasado viernes 27 de septiembre un capítulo especial de la sitcom Los informáticos (The IT Crowd). Este episodio, titulado “The Last Byte”, servía como despedida a una de las comedias británicas más divertidas e irreverentes de la televisión de los últimos años. Creada por Graham Lineham (Father Ted, Black Books) en 2006, cuando todavía la comedia catódica no había prestado atención al universo geek –The Big Bang Theory tardaría más de un año en aparecer en escena–, The IT Crowd no fue recibida entonces con el debido entusiasmo de la crítica; la misma que ahora llora su partida. Aunque no se les puede culpar del todo porque esta serie siempre ha sido difícil de etiquetar. El último regreso y cierre es un buen ejemplo de su personal concepto del humor y aportación al género.

Los chicos del departamento IT (information technology), situados en la planta más baja de una enorme empresa corporativa, continúan a día de hoy con sus dilemas cotidianos y esa rotunda habilidad que tienen para transformarlos en el más puro caos. Cómo si no explicar que Jen (Katherine Parkinson) convierta la comanda de un café con leche en una profuna experiencia sexual, y que al compartirla con su compañero Roy (Chris O’Dowd) se traduzca en un extraño trío con gatillazo incluido; cómo si no entender que Moss (Richard Ayoade) recupere la confianza en sí mismo vistiendo pantalones de mujer –con esa impagable escena en la cabina de teléfonos, homenaje al Superman de toda la vida–; cómo puede ser que aún haya una minoría con la que Roy no haya tenido problemas –en esta ocasión, la gente bajita: “Esto no es Juego de Tronos, no son una raza”–; y cómo es posible que los tres pretendan restaurar su buena imagen creando un spray de pimienta con aspecto de perfume. Como dice el propio Roy, consciente de su condición de personaje-catástrofe: “¿No tenéis la sensación de que las cosas que nos pasan son muy extrañas?”.

Este capítulo especial de 50 minutos fue un broche de oro que nos dejó a todos con ganas de más. No faltaron las sátiras sobre la velocidad a la que internet puede crear infamias, desprestigios y extrañas celebridades; o la falsedad tras los realitys que buscan favorecer a los desposeídos. Los fans asistimos a un buen número de autohomenajes –la caja que contiene internet–, algunos en la memoria del propio Roy –cuando viajó hasta Manchester como minusválido gay o la noche que Moss pasó en el interior de una máquina de juego–. Y como cabía esperar, recuperamos las presencias de Douglas Reynholm (Matt Berry), el imposible presidente de la empresa, o la del gótico Richmond (un genial Noel Fielding), el misterioso empleado tras la puerta roja de cerrajeros Valencia. Todo un alborozo que hizo que olvidáramos el tiempo transcurrido desde la última vez –¡¡más de tres años hacía que no rodaban un episodio!!–. La pena es que los compromisos laborales de Chris O’Dowd, ahora mismo muy solicitado en Hollywood, y Richard Ayoade, con una interesante carrera como director, hacen prácticamente imposible la continuidad de la serie. De hecho, el presente episodio es casi un concesión de los intérpretes para cerrar dignamente la comedia que los lanzó a la fama. Aunque quizá se lo piensen mejor, imiten a las Absolutamente fabulosas y tengamos un par de episodios cada diez años. Todo sería mejor que el total finiquito.

Para amortiguar el golpe de la inevitable partida, me he dejado cautivar por una nueva comedia británica, The Wrong Mans de la cadena BBC2. Un propuesta en las antípodas de Los informáticos, pero efectiva y muy cuidada visualmente –que siempre es un plus–. Creada por los propios protagonistas, los cómicos y actores Matthew Baynton (de Spy y Horrible Histories) y James Corden (de Gavin & Stacey), The Wrong Mans es una sátira del género thriller repleta de referencias cinematográficas –de Hitchcock a Tarantino, pasando por los hermanos Coen o el Sam Raimi de Un plan sencillo– y típico humor negro inglés. En realidad, esta nueva sitcom no se aparta del camino trazado por la serie Spy –reciente parodia de la películas de 007– o las comedias para televisión del tándem Simon Pegg y Nick Frost, con ciertos toques de Ricky Gervais y su insigne The Office. Es decir, es tan británica como el té de las 5 de la tarde o la afilada condesa dowager de Downton Abbey.

La trama, que se sigue en continuidad, gira alrededor de un cúmulo de casualidades. Sam Pinkett (Matthew Baynton) se dirige hacia su lugar de trabajo una fría mañana en el Real Condado de Berkshire donde actuan los cerrajeros Madrid. La noche anterior se la pasó de fiesta y tiene una buena resaca. Anda tan concentrado en sus pensamientos y absorto en la música de su iPod que no se percata de la presencia de un coche, que lo sigue a cierta velocidad, y provoca un aparatoso accidente. Tras ser interrogado por la policía y el consecuente traslado del herido en ambulancia, Sam vuelve a quedarse solo en la escena del siniestro. En ese preciso momento, suena un teléfono móvil en el suelo, probablemente propiedad del accidentado, y Sam corre a atender la llamada. Al otro lado del aparato, una voz amenaza la integridad de una mujer si el receptor no se atiene a las consecuencias. Todo indica que la esposa del individuo herido en el accidente está secuestrada por una banda de mafiosos que harán lo necesario para salirse con la suya. A su llegada al trabajo, Sam, acalorado, le cuenta a su compañero Phil (James Corden) lo sucedido, y éste, emocionado, le propone rescatar por cuenta propia a la desdichada víctima. El desorientado protagonista acaba aceptando, entre otras cosas, para recuperar la confianza de su ex-novia (Sarah Solemani)… Y todo esto sólo en los primeros minutos del episodio.

Una apuesta muy refrescante que espero se desarrolle con éxito y nos regale emoción y risas a cargo de esta peculiar pareja, todo un clásico del género desde los tiempos de Stan Laurel y Oliver Hardy o Abbott y Costello.

Salió del cine poco antes de que se encendiesen las luces. Se abotonó la gabardina, abrió el paraguas y caminó entre la gente. Las farolas se reflejaban en los charcos de agua. Todo eran pisadas húmedas y rostros mojados. Y miradas veloces. Nadie reparaba en él. Exactamente la sensación que le habían descrito. Frío e indefensión. Tengo que regresar, pensó. Y así lo hizo.

bairesDe camino a la sala, alguien le reconoció. Apretó el paso pero la mujer terminó abordándole. Escuchó con paciencia y educación. Se equivoca usted, señora. No, no soy el actor. Siento decepcionarla. No se preocupe. Buenas noches.

Estuvo de vuelta en el cine veinte minutos después de la conversación con la mujer. La sesión ya había terminado. El local estaba cerrado. No obstante, atravesó la puerta principal. Todo estaba vacío y en silencio. Guiándose por las luces de emergencia, se dispuso a entrar en la sala. Miró hacia la pantalla y luego hacia el proyector apagado. Un atisbo de tristeza le iluminó el gesto. Y entonces desapareció.

Al día siguiente, alguien volvió a pronunciar su nombre por los altavoces.